La esperanza anda a pie en Venezuela

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Medianoche, es la hora. Cuando su sueño debería ser el más profundo, el más reposado, el más reparador, Juana Candelaria se despierta agitada. Necesita salir de su casa lo más temprano y rápido posible para plantarse a las puertas de un supermercado, grande, “de esos a los que llega mucho y de todo”. Su urgencia es estar entre las primeras personas que esperan los camiones con comida.

No sabe que ya le ganaron 127 almas que esperan lo mismo.

Todas confían que “algo” ” de “todo” lo que necesitan llegará.

Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social “en julio continuaba la situación de inseguridad alimentaria en Venezuela, caracterizada por desabastecimiento, escasez y carestía de productos”.

La conflictividad social sigue dominando las manifestaciones de calle de la población venezolana que en los primeros 7 meses de 2016 habría participado en al menos 3.507 protestas, continúa el informe del OVCS. De ellas, “las 209 protestas registradas al séptimo mes del año, en rechazo a la escasez y desabastecimiento de alimentos, representan 70% más con respecto a julio de 2015.”

“El saqueo no se puede ver sólo como un acto delincuencia. Los criminales se valen de la población que protesta y se molesta porque no tiene comida en su casa aun teniendo dinero en el bolsillo. Los ladrones también tienen hambre y roban al igual que lo hicieron los policías en Cumaná y como lo hizo cualquiera. Estamos en un nivel de sobrevivencia y esta es una lucha descarnada. Ese es el comportamiento del ser humano y del animal que tiene que garantizar la comida a la familia y los hijos”, explicó Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de la Violencia sobre las protestas, saqueos y destrozos que en junio pasado se registraron en diferentes zonas de Cumaná, estado Sucre.

Juana Candelaria tiene miedo de salir de su casa.

Ahoga la angustia de caminar en la soledad de la madrugada y pasar por la misma acera donde antier encontraron al hijo de la vecina teñido en el rojo de su propia sangre…

“Con el Cristo en la boca”, apura el paso Juana Candelaria. Su fe está en poder cargar hoy bolsas llenas de comida.

En el Índice de Ley y Orden de Gallup Global, que no es más que la evaluación anual mundial sobre la percepción la seguridad ciudadana, Venezuela obtuvo en 2015 la peor puntuación en su historia, 35 puntos de 100, también la peor evaluación para cualquier nación en más de una década, indica el Observatorio Venezolano de la Violencia en su trabajo “Venezuela tiene la peor puntuación del mundo en seguridad”.

De los 133 países estudiados, la calificación de Venezuela sólo fue seguida por la de Siria y Afganistán, países con innegables situaciones de guerra interna.

-“Esto es culpa del Gobierno”, dice uno en la cola, y salta quien le responde: -“La oposición  no sirve para nada”. Aunque siempre aparece el tercero que mienta: “Ni la oposición ni el gobierno porque si yo no trabajo no como”.

Juana Candelaria guarda silencio. El problema es grande, no lo niega. Pero prefiere refugiarse en lo que le dijo ayer su hijo: -“Mami te quedó rica la sopa”. Pocas verduras, mínima carne, bastante caldo y como ella le respondió: -“Es que la hice con mucho amor”.

Diferentes procedencias, problemas idénticos: comida, inseguridad, incertidumbre. Una misma cola donde el unísono es -“¿Cuándo terminará esto?”.

Así como también que la mayoría mantiene la esperanza…

“La esperanza es ese sentimiento que te mueve a tener un optimismo para lograr el objetivo que tienes planteado”, define para comenzar la psicólogo clínico Stefania Aguzzi.

“Es lo primero a lo que deberías anclarte al iniciar el día, porque eso te da un norte, una programación neuronal para seguramente encontrar las maneras de ir hacia dónde quieres llegar”, dice a su vez Karina Montes, socióloga y coach de vida y organizacional.

Pero tal actitud positiva no implica inercia, esperar que “las cosas lleguen del cielo”. Con la esperanza aplica más bien el refrán popular “a Dios rogando y con el mazo dando”.

“A nivel cristiano, teológico o religioso la esperanza pudiera definirse como una ardiente expectación”, es decir, “un pensamiento y comportamiento de vida activo, dirigido con seguridad hacia lo que va a venir, creyendo que eso va a ser así y sin dejar de lado que hay que mantenerse luchando, trabajando, esforzándose para conseguirlo”, dice al respecto Honegger Molina, párroco de la parroquia “La Anunciación del Señor”, en La Boyera, estado Miranda.

“Hay frustración, hay decepción”

Sin embargo, este sentido positivo de ser y hacer enfrenta una dura prueba cuando Venezuela se ve sometida a la peor crisis generalizada que haya tenido, siendo el aspecto económico el que más presiona a todos los habitantes en su cotidianidad.

“Las expectativas están al mínimo, al nivel más básico que es el garantizar la sobrevivencia. poder comer”, asevera Gloria Perdomo, coordinadora del Observatorio Venezolano de Violencia.

Tras la observación de la situación en algunas zonas de Petare, en el municipio Sucre del estado Miranda, explica que “el deterioro progresivo de la calidad de vida llegó un momento de profundización que ya la escala está a nivel de conseguir la comida. Y además lo que voy a comer hoy porque ni siquiera tienes la expectativa de decir lo que puedes comer de aquí a la semana que viene. Por dos razones: por un tema de disponibilidad de recursos económicos y por disponibilidad de alimentos, porque no se consiguen a pesar de que tienes el dinero en la mano”.

Por su parte Honegger Molina admite que “hay frustración, hay decepción. Y hay decepción en el liderazgo en general, no solamente en el liderazgo político también hay decepción en el liderazgo nuestro, en el liderazgo religioso. La gente espera más de nosotros, de los curas, de los obispos”.

“Pequeños gestos de generosidad”

A pesar de todo, lo que da profundo sentido humano a los venezolanos continúa apareciendo.

“En sentido positivo, incluso en este contexto tan complicado, para sorpresa de uno todavía se encuentran gestos  de generosidad”, refiere Gloria Perdomo.

“Los venezolanos somos gente buena”

Ante las carencias que el desabastecimiento y la inflación plantean en rubros vitales como alimentos y medicinas, cada uno de los especialistas destaca la importancia -prácticamente obligación- de voltear la mirada hacia los valores morales con que contamos.

“Los venezolanos somos gente buena, con valores. Definitivamente tenemos que tener una actitud positiva para poder enfrentar la crisis. No podemos caer en el círculo de lo negativo porque entonces nos deprimiríamos, y justamente una de las cosas que la esperanza permite es no deprimirse”, asevera Stefania Aguzzi (@stefaniaaguzzi).

Texto: Redacción Neorepública (Con información de: El Universal)